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(Universitat d’Alacant)
NUEVOS SOPORTES DE LA CREACIÓN ARTÍSTICA:
SOPORTE TECNOLÓGICO PARA UNA ERA DIGITAL
INTRODUCCIÓN.
¿Acaso estamos asistiendo a la muerte del arte a secas? ¿O quizás el arte tecnológico se esta convirtiendo en una vía alternativa al arte tradicional tomando de esta forma un nuevo significado?
Las profundas transformaciones que producen las llamadas nuevas tecnologías y el efecto de la globalización han provocado en la sociedad, la economía, la cultura y en nuestra percepción de lo que nos rodea un cambio estructural que transforma la acción social y la experiencia humana influyendo y reflejándose en la obra de algunos artistas.
Esta vez el arte, no se quedara al margen de los acontecimientos que le rodean, no estará separado de la práctica política o del resto de actividades sociales, ya no producirá mercancías y objetos, sino producirá relaciones sociales y formas de vida, siendo participe y reflejo del momento.
En general, este cambio es producto de la nueva concepción de la tecnología, que hace que nuestro mundo cultural haya desarrollado una cierta de dependencia de la reproducción tecnológica y digital. Como consecuencia, la distinción entre tecnología y cultura está empezando a desvanecerse. La tecnología se presenta con más frecuencia como una cuestión cultural, como un “pastiche” de reproducciones, de imágenes e información cultural denominándose “tecno-cultural”. Se ponen en duda una serie de convenciones establecidas como válidas, tanto las nociones del espacio y del tiempo, como los límites de la conciencia terrestre y su asociación con la ciencia-ficción, la
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“Soporte tecnológico para una era digital”
estética, la información, etc. Todo esto nos define un nuevo ámbito de representación tecnológica y su aplicación en el arte.
Nos encontramos ante una serie de nuevos aspectos:
1) Los distintos soportes, las técnicas y los medios electrónicos audiovisuales y de comunicación que ahora ocupan un nuevo papel en el campo de la creación contemporánea, de igual manera que lo hace la presencia de pantallas, monitores, ordenadores y demás herramientas de la era electrónica/digital.
Hemos de tener en cuenta que lo electrónico es coetáneo a nuestra cultura, que utiliza su aparente inmaterialidad que no es tal, puesto que un “pixel” electrónico o un punto en la pantalla, es igual a la tinta, el óleo, la piedra o el metal, pero a diferencia de estos medios tradicionales, éste entra en la intimidad de cualquier casa a través de la macro-red llamada televisión e internet.
Así, el soporte mediático de una obra en muchos casos será virtual, a través de la red o de un CD-ROM, dejando de ser propiamente físico. De esta manera, la obra de arte se nos ofrece integra y el espectador la recibe como original, accesible en cualquier momento y lugar.
La utilización de instrumentos tecnológicos con los que trabajan los artistas se ha vuelto de uso popular, como la cámara de vídeo, la fotografía, el ordenador, la red… De esta forma, el uso de dichos soportes, que no son los tradicionales, produce una aparente popularización del arte y un acercamiento entre el “High Art” (arte institucionalizado) y el “Low Art” (arte de la calle), como si la cultura se diluyera y se introdujera en nuestras vidas cotidianas, en lo doméstico.
Sin embargo, esto es mera ficción pues no hace que se acorten las distancias entre arte y vida, sino que aumente la sensación de que “todo hombre es potencialmente un artista” y la idea de “hágalo usted mismo (Make it yourself)” a través de la red, el vídeo, la cámara digital... hace que mucha gente desarrolle su propia actividad creativa, como si se tratara de un producto de bricolaje. Por tanto, se puede producir la impresión de que cualquier acto cotidiano de la vida, por el hecho de haber sido realizado por un artista, es susceptible de convertirse en un acto artístico.
Así, el predominio de la tecnología, la novedad y el asombro que provoca, puede generar un trabajo basado en los efectos espectaculares de los aparatos, dejando a un lado lo más esencial que son los planteamientos conceptuales iniciales que llevaron a
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su uso. Por lo que, se crea una relación de egocentrismo entre el predominio de lo nuevo y del artista tecnológico.
2) La utilización de distintos recursos audiovisuales y medios implica un replanteamiento de la actitud del visitante frente a la obra, lo que hace cuestionar los modelos de la cultura occidental de secuencialidad y de centralidad del discurso.
La incorporación de las nuevas tecnologías a los tradicionales modos de creación ha hecho cambiar, por una parte, la relación existente entre el objeto artístico y el espectador y, por otra parte, el modo de presentar los trabajos de los artistas al público y la actitud de éste frente al nuevo soporte.
Ahora el visitante no sólo será un observador pasivo, como ocurría al contemplar un cuadro “colgado”, sino que seleccionará las obras y actuará como receptor activo que participa en esta. Así se rompe la idea de sistema objetual estable y concluido por el artista, sistema hasta ahora predominante en nuestra cultura occidental y en sus manifestaciones artísticas.
Por todo ello, se crea una nueva red abierta de intercambio y comunicación entre la obra, el espectador y el entorno. Estas son obras interactivas, la "simulación" de la realidad en la cual el espectador "crea" y se le invita a participar en la realidad experimentada.
Así, se registra y se reexamina una realidad física, ahora el espectador no se ha de limitar a “ver” como un mero acontecimiento sino que él a través del “ratón” decide que acontecimiento “ver” o no en la red.
Sin embargo, esto nos puede llevar quizás a la era del espectáculo de lo lúdico, de la obra y de la vida, un espectáculo a modo de “show”, donde cualquiera puede hacer una "obra de arte".
3) El mercado del arte y las instituciones que lo representan deben tomar consciencia de estos nuevos medios artísticos. Actualmente, el arte está orientado hacia la acción y no hacia la contemplación, su actitud hacia el tiempo es completamente diferente a la concepción de la cultura establecida hasta ahora, que aspiraba a la posesión y la perduración. Estos nuevos medios y la idea de interdisciplinariedad (ruptura de fronteras disciplinares) no producen objetos, en el sentido tradicional, que puedan subastarse, rompiendo la idea que tenía el mercado del arte como objeto de transacción. Las instituciones y promotores artísticos son todavía reticentes a admitir los
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nuevos medios tecnológicos como soporte de creación artística, y en consecuencia los museos, galerías y fundaciones donde se “cuelga” cultura, siguen dominados por la idea del soporte tradicional.
Parece que todo apunta a que los artistas precisan cada vez más de una tecnología avanzada para producir sus obras, se ven condicionados a depender, en la practica totalidad, de las ayudas institucionales, lo que les hace ser más vulnerables en el mercado, además de la dificultad de producción y de exhibición. En estas circunstancias, todo apunta a que se debe equipar adecuadamente los centros de creación y ampliar su número, aumentar la ayuda con infraestructuras a los centros de arte independiente e insistir en la responsabilidad de las empresas del sector, como la televisión y los grandes consorcios de la comunicación en dicha ayuda. De nuevo el factor económico es el que determina la realización de una obra, que a su vez esta respaldada por una ideología. De esta forma se constata que el arte no es libre, ni si quiera hoy en día, a pesar de que se nos venda la idea de que sí lo es.
4) El espectador pone en duda los códigos perceptivos establecidos, que habitualmente no se cuestionan. Se reflexiona sobre los mecanismos de la ficción y de la representación, que ponen a prueba los sentidos, cuestionando su capacidad de autoengaño; ahora los conceptos de verdad y falsedad ya no tienen tanta importancia, así todo puede ser verdadero y falso al mismo tiempo.
En estos momentos, según Claudia Giannetti, la producción de imágenes audiovisuales ya no estará condicionada a la captación y representación de la realidad o a la imaginación, sino que puede darse independientemente de la intervención humana mediante la generación autóctona de la máquina.
Se produce una tendencia creciente de desmaterialización de los objetos “reales”, que se convierten en flujos de “pixels” en las pantallas de los ordenadores. También, detectamos una transformación en la definición del tiempo y del uso del espacio, surgen nuevas características como la movilidad, la fluidez y la flexible. Nuestra época ha apostado decididamente por lo efímero, sustentado por los “mass-media” que organizan socialmente la realidad. Se rompen las barreras entre lo público y lo privado mediante la transacción de información de todo tipo. Además, parece que asistimos a una perdida de identidad, la desmaterialización del individuo (aspecto físico, sexo, personalidad...), la disolución del “yo”, ahora el cuerpo romperá la máscara que le
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ha modelado con valores sociales y culturales, fragmentándose, deformándose y distorsionándose, se producirá un cambio de “status” en el individuo contemporáneo.
El Estado tiende a perder su soberanía, según Juan Luis Cebrián, deberá de asumir que una parte de sus actuales atribuciones será absorbida por instituciones de otro tipo y que existirá una transferencia de poder real en el ámbito nacional e internacional a las grandes corporaciones y consorcios empresariales. Quizás sea el nacimiento de un nuevo tipo de poder concentrado a escala mundial en unas pocas manos que poseen a la vez el dinero, la tecnología, los medios de comunicación, la información y la cultura.
5) El ciberespacio o el mundo virtual es un mundo sin dimensiones, no esta compuesto por átomos, ni tiempo, ni espacio, es una estructura abierta y no jerarquizada, un microcosmos digital, sin fronteras geográficas ni políticas, un nuevo estilo de vida que alberga distintas reglas sociales, que hace cambiar todo tipo de referencia; es la consolidación del mercado global y la cultura planetaria, es la “aldea global”, tal y como lo denominó Marshall McLuhan. Se puede disponer instantáneamente de información en cualquier punto del globo y en cualquier momento, a través de internet, como espina dorsal de nuestra actual sociedad.
Esta situación crea un carácter deshumanizador y superficial del mundo, maquinas que “hablan” entre sí, perdiendo algo fundamental que es el contacto humano, es una comunidad virtual. Las computadoras y las redes nos acercan al tiempo que nos aíslan unos de otros, desvalorizando las relaciones humanas.
CONCLUSIÓN.
Toda esta situación nos crea gran confusión e incertidumbre, lo desconocido nos asusta. Ya no existen los parámetros por los que regirnos, nos sentimos perdidos y desprotegidos. Ahora debemos tomar una nueva forma de relacionarnos con las funciones sociales de las tecnologías de la imagen.
Pero esta avalancha tecnológica y globalizadora, origina dos tendencias bien diferentes: por un lado, esta mayor ruptura de fronteras y barreras culturales, hace generar una multiculturalidad y una mayor tolerancia; pero por otro lado, hay quienes se alzan por la necesidad de preservar a toda costa la identidad cultural, reivindicando de
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forma radical instituciones tradicionales como la religión, el nacionalismo, la raza... no ayudando a la buena convivencia entre los pueblos.
Las tecnologías de la comunicación y la información han provocado otra visión de ver y entender el mundo, redefiniendo nuestras sociedades, y viéndose reflejada en la obra de los actuales artistas.
Sin embargo, esta facilidad de acceso de la sociedad al arte no ha llegado a generar un acercamiento entre ambos ni un entendimiento del arte actual. Este nuevo enfoque del arte hace que surja una mayor dificultad en entenderlo, en un momento en el que parece que todo es valido. De esta forma, la alta cultura artística se dirige a iniciados y se sitúa en espacios "semisagrados", y la cultura popular se enfoca a la masa como espectáculo de consumo televisivo y “show”.
Los medios industriales actuales permiten hacer la obra con una resolución técnica inmediata, dejando atrás el concepto clásico de virtuosismo técnico y de “acabado”, en detrimento de los valores reproductivos y de los aspectos plásticos de la realidad, de esta forma el “cómo” especializado pierde importancia frente al “para qué”, dejan libre al artista para centrarse en la idea que quiere materializar.
Lo cierto es que el arte actual tiene en común un carácter experimental, reflexivo y crítico, siendo la obra de arte cada vez más un espacio de intercambio de información, basado en la imaginación, la filosofía, el contenido y las ideas, generando un proceso de evaluación que sea la base sobre la que se produzca el cambio en la concepción del arte actual.
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Referencias bibliográficas
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lundi 16 juillet 2007
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